El Cristo

Esta semana un juzgado de Jaén ha multado con 480 euros a un joven de 24 años por publicar en las redes sociales la pasada Semana Santa un fotomontaje del Cristo de la amargura con la cara del propio chaval.

Así está el nivel. El delito en cuestión se hace llamar ofensa contra los sentimientos religiosos y está todavía vigente en el 36 % de los países del mundo, varios europeos, aunque el ránking de intolerancia lo lideran Irán, Pakistán, Yemen, Somalia y Catar.

Aunque ignoremos lo absurdo de condenar que alguien haga montajes con un personaje de ficción (Jesús es una figura histórica indiscutible, pero no su calidad de mesías milagrero), esta arcaica ley pone en evidencia el terrible retraso intelectual que sufre todavía gran parte de la civilización occidental.

¿Se respeta a la comunidad católica cuando oficia sus rituales en sus lugares de culto? Faltaría más, aunque sigan sin pagar el IBI. ¿Se respeta a la comunidad católica cuando saca sus imágenes en procesión por las calles de un país laico? Se soporta y punto, al fin y al cabo todos somos vecinos. ¿Se debe limitar la libertad de expresión de los no católicos? Por lo visto sí, y cada vez más.

Si hoy por hoy los fascistas cantan todavía impunemente el Cara al sol por las calles de Madrid cada vez que les viene en gana (pocas cosas se me ocurren más ofensivas), todas las demás libertades deberían medirse con el mismo rasero, pero no es así y por el camino que vamos pintan bastos. Mientras en Holanda transforman las iglesias en bibliotecas, aquí estamos a un paso de volver a quemar libros en grandes piras.

Suspiren.

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