Las religiones son doctrinas de muerte

Causó gran revuelo y críticas, tan apresuradas como injustas, la portada de la revista Charlie Hebdo que representa unos cadáveres y una furgoneta al fondo que se da a la fuga, ilustrando el dibujo la frase “Islam religión de paz… eterna”.

Por un lado grupos xenófobos, racistas, supremacistas blancos, neonazis y en esta línea aplauden la portada, lo que da pie a los recelos de cierta izquierda sintomática para distanciarse del mensaje punzante de la revista satírica, “envilecida” por los elogios de la ultraderecha y dando pie a criticarla preventivamente por islamófoba.

El término islamofobia reúne una múltiple carga de significados diferentes como indica la politóloga especializada en asuntos relacionados con el islam y Oriente Medio, Ana Belén Soage en declaraciones a Infolibre, al mezclar cierta crítica a algunos aspectos del Islam, con el rechazo a la población mayoritariamente extranjera seguidora de estas creencias. Yo además añadiría el rechazo por los pobres, que ilustra gráficamente la sentencia “un islamista rico es un jeque árabe, uno pobre es un moro”. Esta triple carga, doctrinaria, xenófobo-racista y clasista o aporofóbica, del significado del término “islamofobia”, hace difícil deslindar claramente a qué se refiere exactamente en cada caso.

Pero yo quería hacer hincapié subrayando lo acertado del sentido de la portada de Charlie Hebdo, porque no sólo el Islam, sino todas las religiones son doctrinas de muerte. Todas coinciden en que lo que ocurre durante el transcurso de lo que conocemos como vida es algo despreciable, vanidad e ilusión fútil, una concatenación de hechos triviales e insignificantes que debemos vivir orientados a lo importante, lo duradero, lo sustancial que comienza después de acabada la vida. Todas estas religiones tienen en común exaltar la muerte como el momento a partir del cual nuestras miserables vidas terrenales cobran relieve incomparable frente a las pompas y banalidades que han regido la vida hasta entonces. Son por tanto como muy bien señala el “chiste” de la portada de Charlie Hebdo, religiones o doctrinas de paz eterna, de cementerio, de necrópolis eterna…

Si a alguien se le ocurre preguntar a una autoridad moral de cualquiera de estas doctrinas qué elección debiera hacerse entre una buena vida aquí en la tierra o una buena vida después de muerto, todas las jerarquías religiosas consultadas coincidirán en señalar la de ultratumba como la mejor y única elección.

¿Qué tiene de particular que cuando a un simple creyente de cualquiera de estas doctrinas de muerte se le ponga en la tesitura adecuada y se le convenza de que es su vida eterna la que está en juego a cambio de la futesa de poner fin a un puñado de vidas terrenales, efímeras y triviales, la elección no ofrezca dudas? Cualquier rabino, imán, sacerdote o clérigo de las religiones que campan a sus anchas desde hace siglos por nuestras tierras y conciencias, recomendará proteger los bienes eternos frente a los perecederos y temporales, a los que el materialismo hace parecer como importantes en su provisionalidad. Si seguimos consintiendo, por convicción, que se eduque a la infancia en doctrinas de muerte, los jóvenes ante la disyuntiva seguirán haciendo la “elección correcta” que las doctrinas de muerte predican: proteger la vida eterna a cambio de la perecedera y despreciable vida terrenal. ¿Amén?

Fernando Pérez Martínez

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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