Chile: A propósito del Te Deum

“…Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios, lo que es de Dios”. Lucas 20:25. Mateo 22:21, Marcos 12:17.

Chile, como ocurre en el mundo moderno, requiere reencontrase con sus tradiciones laicas y republicanas, a la luz de los tiempos que corren, donde la gran categoría que caracteriza la sociedad que emerge es el nuevo valor de la diversidad y el pluralismo.  A la luz de lo ocurrido en el Te Deum realizado en la catedral evangélica en Santiago de Chile, en el que los Pastores Evangélicos hicieron lo que hacen los pastores, es decir, sus prédicas, oraciones y planteamientos desde la perspectiva de su fe, enfatizando las doctrinas de su iglesia, guste o disguste a los invitados.  En ese episodio se criticó ácidamente las políticas implementadas por el Gobierno, que según las visiones religiosas les resultan aberrantes, llegando algún asistente a increpar a la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, como se vio y escucho por la televisión que transmitió el evento a todo Chile y, en consecuencia de alcance global, por la repetición en muchos canales del mundo y en las redes sociales.

El Gobierno se retiró en pleno -antes del término de la ceremonia- desde el Templo Catedral, sin despedida ni consideración alguna ni la más mínima formalidad.  La vocera expresó la molestia del gobierno, señalando que se había faltado el respeto a la Señora Presidenta.  Más allá de lo bochornoso del evento, la falta de prudencia observada y/o el aprovechamiento político, si se quiere argumentar el punto.  La pregunta que me surge es ¿Dónde está lo equívoco en esta situación?.

Claramente, a la luz de la normas constitucionales y legales, constituye un error continuar una formalidad propia de otra época.  Las autoridades de Gobierno no pueden seguir validando seudo-tradiciones que son extemporáneas al ordenamiento jurídico, ni deben asistir a este tipo de actos en representación de todos los chilenos, en esta ni en ninguna otra iglesia. Excepto que se trate de un encuentro ecuménico de auténtica oración por Chile, donde participen todos los chilenos.

En el marco de su institucionalidad Chile, es una república que reconoce la separación de la iglesia y el Estado, privilegia un enfoque laico en el que el poder temporal y el poder espiritual tienen sus propias esferas, que se distinguen en el ámbito de lo público y lo privado.   La Constitución Política asegura a todas las personas en el numeral 6º “La libertad de conciencia, la manifestación de todas las creencias y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público. Las confesiones religiosas podrán erigir y conservar templos y sus dependencias bajo las condiciones de seguridad e higiene fijadas por las leyes y ordenanzas. Las iglesias, las confesiones e instituciones religiosas de cualquier culto tendrán los derechos que otorgan y reconocen, con respecto a los bienes, las leyes actualmente en vigor. Los templos y sus dependencias, destinados exclusivamente al servicio de un culto, estarán exentos de toda clase de contribuciones”.

En consecuencia, es tiempo que el Congreso Nacional y también el Gobierno de Chile, analicen la pertinencia y vigencia de la señalada separación entre la iglesia, o más propiamente, las iglesias y el Estado de Chile.  Obviamente que esto rige para todas las iglesias.  Parece extemporáneo que el o la Presidenta de la República de Chile, asista en representación de todos los chilenos a una o dos iglesias.  Primero, porque en esa actividad no representa a todos los chilenos ni se respeta adecuadamente la libertad de conciencia de todos los chilenos, particularmente a los que nada tienen que ver con esa fe o religión y, segundo, quizás lo peor, no es posible evitar la injerencia de una iglesia cuando se produce la mezcla de las cuestiones temporales (políticas) con las cuestiones espirituales (religión).

Si se quiere hacer un acto de oración por Chile, no puede reconocerse privilegio a unas iglesias y a otras no. Eso constituye una discriminación arbitraria.  Pero, lo más arbitrario es que una religión tome en cierta fecha el monopolio o la exclusividad de una religión de Estado.

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[1] Carlos Cantero, es Geógrafo, Master y Doctor en Sociología.  Ejerció los cargos de Alcalde en tres oportunidades, Diputado en dos períodos y Senador en dos períodos.  Fue Vicepresidente del Senado de Chile.  Actúa como académico, conferencista y pensador chileno. Destaca su interés en el estudio de la Sociedad Digital y la Gestión del Conocimiento.

ciudadanocantero@gmail.com

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