Cataluña : razón o dogma

Emociones, pasiones y sentimientos nos caracterizan como personas,  hacen que la vida se abra de forma maravillosa o decaiga de manera lamentable, son el centro de nuestros grandes gozos y profundas penas…nos mantienen vivos.

Pero su medio es el individuo, la intimidad o la familiaridad, y nos pensamos mucho cómo y a quién manifestarlas o hacerlas públicas. Porque la convivencia y el diálogo  (la política) requieren de un protagonista bien diferente: la razón.

Y ocurre que en todo el “procés”, tanto en sus fuentes como en las reacciones,  son protagonistas los impulsos incontrolables y ausentes las razones que nos puedan llevar al entendimiento.

Yendo al grano: la nación es un ente no rastreable que se pierde en los vericuetos de la historia y que solo se mantiene con la fuerza de aquellos que la “sienten”. En la nación se cree, con fe, con espíritu religioso que se manifiesta  estableciendo dogmas predispuestos a blindarse a la crítica con la coacción y el sectarismo…(¡era tan previsible que que los dos polos nacionalistas pidieran la mediación de la Iglesia!).

Frente a ello, el Estado es una realidad política con principios y normas accesibles, reales , y por tanto debatibles en buena lid.

Con estas sencillas premisas parece que podemos deducir una ruta razonable para el oscuro conflicto al que asistimos.

  1. La declaración unilateral de independencia y la reacción de la España indivisible juegan en el campo de lo dogmático y emocional, y el mantenimiento de dichas posturas augura un enfrentamiento cruel e interminable.
  2. Desde una visión del Estado como realidad política racional debe facilitarse la celebración de un referéndum allá donde los sentimientos separatistas lo demanden con fuerza y número innegables.
  3. Tal referéndum debe ir acompañado de una información veraz sobre las consecuencias de la decisión final, así como de un blindaje temporal que impida más de un plebiscito por década sobre un mismo tema.

Estas tres consecuencias nos dejan mal sabor a los que creemos que el levantamiento de una nación en busca de la homogeneidad –ese es el plan nacionalista siempre- supone un paso atrás en la humanización y racionalización de la política, pero precisamente por eso no nos queda más que advertir y opinar, dejando que aquellos que parecen equivocarse gravemente culminen su despropósito.

Aprendamos de los errores en cualquier caso. A la vista está que las generaciones adoctrinadas en cualquier credo (religioso o nacionalista) socavan las bases de una convivencia sanamente democrática. Es urgente una revisión de los currículos escolares que no perpetúe la sectarización del alumnado en ningún sentido posible.

Pero en el corto plazo y ante la situación actual en Cataluña, desde la óptica de un Estado social y de derecho, desde un espíritu laico, no parece haber más opción que la propuesta de referéndum pactado.

A veces, para que prevalezca la razón, es inevitable dejar que afloren los sentimientos…irracionales.

 

Francisco F. Sempere (Profesor de filosofía en la Región de Murcia)

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.
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