Por respeto

ace un año hablaba en esta columna del maestro de escuela Gaietá Ripoll i Pla, la última persona ejecutada por la Inquisición en España y en Europa. Valencia tuvo el “honor” de ser el último reducto, no de la Inquisición, que muy calladamente aún existe, sino de la última de las condenas a muerte achacables a esta “santa” institución, ejecutada después de años en que ya estaba prohibido quemar a los mal llamados “herejes”. Aquello constituyó un escándalo mayúsculo en su época y por eso no se atrevieron a quemarlo, dulcificando la cosa con un “simple” ahorcamiento.

El Ayuntamiento de Valencia, con motivo de la celebración del “Día Internacional de la Libertad de Conciencia y de Pensamiento” a requerimiento de las asociaciones Valencia Laica y Avall y a través de la Concejala de Cultura ha procedido a la reposición de la placa en honor a Gaietá Ripoll en la misma plaza, hoy Plaza del Barón de Cortes.

Son tremendas las resistencias a afrontar cada vez que alguien da algún paso hacia lo que evidentemente no es más que una iniciativa correctora de discriminaciones que la derechona recalcitrante justifica, oponiéndose a cualquier cambio, por lógico y civilizado que sea.

En Sagunto, el Ayuntamiento se ha declarado Laico, pero todavía no conocemos una sola medida en ese sentido. No quisiera pensar que les da miedo topar con la Iglesia, sino que a lo mejor se trata de respeto. Si es así me parece muy bien, soy el primero en pedir todo el respeto del mundo para esa institución tan sólidamente instalada en nuestra sociedad.

Pero existen en nuestras costumbres demasiados recuerdos de nuestro reciente pasado nacional-católico que convienen ir aparcándolos. Un ejemplo son los cementerios. Hay una gran tradición de enterramientos católicos netamente mayoritarios, de tal modo que si personas de otras confesiones, o ateos, morían podía causarse un problema dependiendo del momento histórico y la tolerancia o no de los obispos en cada momento. Todos hemos oído historias de difuntos a los que no se les permitía ser “enterrados en sagrado”.

Si te das un paseo por nuestros cementerios verás que desde lejos ya se ven las cruces, no las de las tumbas, que están conforme a derecho y gusto de cada cual, sino las del edificio, que proclaman el lugar como un cementerio cristiano. No es correcto. Por respeto el Ayuntamiento debe convertir los cementerios municipales en el lugar donde descansen en paz todas las personas de todas las confesiones y también los que no tenemos ninguna.

No es pedir la luna, porque los cambios necesarios son simples y baratos. Se trata de demostrar en la práctica respeto hacia todos los difuntos y a sus familiares. La sociedad actual es multiconfesional. Los cementerios no.

Miguel Álvarez Lozano

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.
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