“La laicidad en Europa o la Europa vaticana” Ponencia de Francisco Delgado en el Coloquio de Metz (Francia)

COLOQUIO METZ (Francia)

La laicidad en Europa o la Europa vaticana” / (Sábado, 16 de diciembre 2017)

Ponencia: Francisco Delgado (España)

¿LA INFLUENCIA DEL VATICANO (Y DE OTRAS RELIGIONES) EN LA POLÍTICA O LA COMPLICIDAD DE LOS LÍDERES POLÍTICOS, CON LOS LÍDERES RELIGIOSOS?

En mi opinión, la llegada (en 2013) del jesuita argentino Bergoglio a la cúpula de la Iglesia católica,  supuso la culminación de un proceso interno que tenía una doble finalidad, 1-Tratar de contrarrestar el ascenso e influencia de las iglesias cristianas evangélicas, en América latina y 2-Ofrecer transparencia y una cara moderna y de hipotéticos cambios y adaptaciones de la Iglesia a la era digital y a los nuevos tiempos de mayor secularización de la sociedad.

Sin embargo, a pesar de las varias visitas que el Papa ha realizado a diversos países de América latina, el primer objetivo parece ser que no se está cumpliendo, a la vista del creciente poder político y social que las distintas corrientes evangélicas siguen atesorando, especialmente en Brasil, por parte los diversos grupos pentecostales. Como uno de los ejemplos, entre otros, es que varios Estados latinoamericanos celebran (oficialmente y desde hace varios años), el día 31 de octubre, como Día Nacional de las Iglesias Evangélicas y este año se han sumado algunos más, como Perú

La otra finalidad es aun más compleja, en primer lugar porque Bergoglio (fue y es) un fervoroso combatiente contra la teología de la liberación y del Vaticano Segundo, apoyando los más ancestrales e importantes dogmas de la Iglesia, en cuestiones vitales para los derechos civiles y para la laicidad, como son: el derecho al aborto, las cuestiones relacionadas con la familia, el derecho a una muerte digna, la diversidad sexual o la igualdad de género.

En segundo lugar, porque Bergoglio no va a apoyar decididamente una pretendida transparencia de la Iglesia, ya que las corruptelas e intrigas políticas, los supuestos delitos económicas y de diversa naturaleza que existen en la Curia y la Santa Sede seguirán tapadas, hasta que no actué la justica ordinaria.

Además, el actual Papa designa cardenales y obispos, algunos de ellos de marcada ideología  ultra conservadora,  un ejemplo -muy claro- fue la del nombramiento en Uruguay, de su amigo el fundamentalista cardenal Daniel F. Sturla, que dada su juventud (58 años) podrá tener un gran futuro dentro de la Iglesia: Clérigo que ataca –con dureza- el histórico proyecto laicista de ese país y de toda América latina.

Por otro lado su discurso supuestamente social, anticapitalista, ecologista, ecuménico, etc. que erróneamente percibe la sociedad, gracias a un enorme aparato de propaganda, choca con la realidad del enorme lujo suntuario, mobiliario e inmobiliario que atesora la Iglesia en todo el mundo y su propia realidad mercantil y financiara.

Durante el mandado de este Papa, El Vaticano está presionando fuertemente a los Gobiernos, a través de la Curia, para mantener y aumentar Concordatos ya establecidos y con la firma de nuevos Convenios, con la finalidad de disfrutar y seguir disfrutando de privilegios económicos, jurídicos, políticos y sobre todo, en materia de Servicios Sociales, Sanitarios y, sobre todo, del control ideológico de la Educación.

Y ello no solo en Estados de fuerte tradición católica impuesta políticamente a lo largo de siglos, como es el caso (en Europa) de España, Portugal, Italia, Irlanda o Polonia… También en Estados de potente arraigo laicista o secular, como es el caso de Francia, Uruguay, Méjico, etc. Y en Estados de arraigado potencial protestante o de tradición cristiano ortodoxa, no sólo en Polonia.

Un ejemplo claro, es el potente lobby que significa la  COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea),  compuesta por Obispos delegados de las Conferencias Episcopales católicas de los 28 Estados miembros de la UE, que se  encarga de monitorear el proceso político de la Unión Europea en todas las áreas de interés para la Iglesia. Los obispos, a través de este organismo, presionan en las instituciones europeas para imponer que la doctrina católica sea la línea que marque la política en la Unión Europea. Consideran que el cristianismo debe ser la pauta a seguir en la política y rechazan la neutralidad de las instituciones o el respeto a la libertad de conciencia de las personas que establece la laicidad. Quieren mantener el “sacro-imperio” en pleno siglo XXI. Concretándose todo ello en ataques constantes a derechos fundamentales de las personas, anteriormente reseñados.

El continente europeo, a pesar de la alta secularización de su población, que fue creciendo a lo largo del siglo XX, como consecuencia del conocimiento científico, de la conquista de las libertades y de los derechos civiles, de los avances en la igualdad de género, etc., en este inicio del siglo XXI, se avanza más hacia el empoderamiento político vaticanista y de otras corporaciones religiosas, tanto del ámbito cristiano, como del ámbito islámico (caso de Turquía, los Balcanes…), que hacia consolidar y avanzar en principios laicistas, base de todo proyecto democrático y de convivencia cívica.

NEOLIBERALISMO Y RELIGIONES

A los estragos sociales que está causando, en las últimas décadas, el neoliberalismos, es decir una nueva forma de capitalismo depredador insaciable, hay que sumar su alianza con las diferentes corporaciones religiosas, entre ellas El Vaticano, que tratan de imponer sus dogmas y apoyan, además, la privatización (en su favor) de los Servicios Públicos, con la finalidad de hacer negocio mercantil e ideológico, sobre todo en la Enseñanza.

Y en este nuevo escenario de una renovada complicidad de la política con la religión, los grupos y corrientes neo-fascistas y xenófobas, ciertas formas de nacionalismos patrioteros y/o con un fuerte componente emocional pseudo-religioso, encuentran un adecuado espacio de poder en toda Europa, de forma muy peligrosa.

Ello constituye un enorme peligro para las libertades, los derechos civiles, la igualdad de género e, incluso, la destrucción de fuertes Estados democráticos, sociales, redistributivos y de Derecho, tal y como la Ilustración los concebía.

De ahí que en lo que llevamos de este siglo XXI, a nivel internacional, se está dando un enorme retroceso en la cuestión de la laicidad institucional (en algunos ámbitos de forma muy acelerada) en cuanto a la pérdida de derechos, a la libertad de pensamiento, conciencia y de expresión, tanto en Europa (oriental y occidental), como en América latina y EEUU.

Ello como consecuencia de potentes presiones de los líderes religiosos, comenzando, como antes hemos comentado, por El Vaticano y por parte de los diversos sectores evangélicos, sobre todo, en EEU y América latina, con el apoyo y complicidad de muchos líderes políticos de casi todo el arco ideológico y en todos los Estados.

La religión que en algunos Estados europeos se había relegado (en parte), a lo largo del siglos XIX y XX  a ámbitos privados, hoy -sin embargo- ocupa, de nuevo, espacios públicos y de poder político, donde ya los ocupaba caso, de España y en donde apenas los ocupaba, como es el caso de Francia o en una parte de la Europa del este.

ESPAÑA SECULAR O VATICANISTA  Y  MULTICONFESIONAL

Frente a una España muy secularizada, de forma creciente en los últimos cuarenta años, existe una España vaticanista en el contexto político europeo.

La unidad católica de España, se remonta al III Concilio de Toledo del año 589, con el abandono del arrianismo por parte de los reyes godos. Se afianza durante la Reconquista y con el poder de los Reyes católicos en el siglo XV, continúa con el establecimiento de la Inquisición (que duraría hasta la mitad del siglo XIX) durante el Imperio de Carlos I y Felipe II y, posteriormente, con la colonización y cristianización de América. En España apenas llega la Reforma protestante, ni los principios de la Ilustración. Con el inicio del siglo XIX se aprueba una primera Constitución liberal (1812), pero que afianza el catolicismo indisoluble y eterno de la nación española, prohibiendo cualquier otro culto.

A lo largo de este convulso siglo XIX, sectores liberales tratan de establecer la libertad de culto, restar poder a la Iglesia católica romana, se producen varias desamortizaciones de bienes muertos propiedad de la Iglesia católica, que re-venden a la nobleza, sobre todo para sanear las deprimidas arcas del Estado y sus deudas.

Sin embargo en la línea de los Concordatos de 1418, 1737 y 1753, se firma el Concordato isabelino de 1851 (base ideológica y política de los actuales Acuerdos de 1979), en donde: 1-se re-establecen las relaciones preferenciales del Estado español con la Santa Sede, después de la ruptura, como consecuencia de las  desamortizaciones de Mendizábal (entre otras) y las desavenencias por el apoyo del papado al Carlismo. 2-Se declara que la única religión del Estado es la católica y romana, quedando prohibidas otras religiones. 3-Se concede a la Ic amplios poderes para incidir en la Enseñanza y su capacidad para censurar obras escritas que no están de acuerdo a la moral católica. 4-Se les subvencionará el culto y el clero de forma oficial y tendrán enormes exenciones tributarias. Un siglo después, la dictadura franquista actualizará el Concordato (en 1953) concediendo enormes privilegios políticos, tributarios, económicos, simbólicos, jurídicos y en materia de Enseñanza y Servicios sociales.

En medio de todo ello, el “oasis laicista” es decir democrático, de la II República española, que trató de establecer el Estado laico, la Enseñanza única y laica,  la libertad de culto, que eliminó los privilegios simbólicos, jurídicos, políticos, fiscales y económicos de cualquier entidad religiosa. La II República no llegó a durar una década, el fascismo internacional y las potencias liberales se encargaron, directa o indirectamente, de atacar los valores republicanos y laicistas… con la “falacia” de que la República caería en manos del comunismo internacional.

En 1977, se establecía una democracia formal después de cuatro décadas de un régimen totalitario, en diciembre de 1978 se aprueba una Constitución que (aun en su ambigüedad) declara el Estado como no confesional. Unos días después (enero de 1979) un Gobierno interino firma cuatro Acuerdos concordatarios con la Santa Sede (de muy dudosa constitucionalidad) que establecen enormes privilegios simbólicos, jurídicos, económicos, tributarios y en materia de Enseñanza. Acuerdos hoy vigentes.

Como se indicaba al principio, en la España de hoy existe una potente secularización de la sociedad, (incluso por encima de la media europea) y se han aprobado derechos civiles al nivel e incluso por encima de cualquier Estado democrático europeo. Sin embargo, desde los poderes del Estado, se mantienen unas relacione muy privilegiadas con El Vaticano y, en los últimos se tiende a una especie de multi-confesionalidad, por parte de casi todo el espectro político de cualquier ideología y en cualquier región y municipio.

En la actualidad, los avances en materia de laicidad institucional, de real separación del Estado de la religión, son casi nulos y en la agenda de casi todos los partidos políticos  (ya sean de derechas, izquierdas, nacionalistas, de centro, anticapitalistas, etc.), la cuestión de la laicidad, hoy por hoy,  no es una prioridad.

Es más, la inmensa mayoría de responsables políticos en activo tienen un enorme desconocimiento de lo que para las libertades y la democracia representa un proyecto laicista de Estado.  Para ser claros: la mayoría de políticos y políticas en España, (incluidos los más jóvenes) confunden laicismo, con ateísmo, anti-religiosidad o, incluso, con multi-confesionalidad.

CONCLUSIÓN: RESISTENCIA Y PEDAGOGÍA

En suma: En la Europa de los Estados nación y de los pueblos, en este inicio del siglo XXI, NO existe un panorama político favorable para que el proyecto laicista avance en la consolidación de Estados laicos, más bien se desliza hacia Estados multi-confesionales.

Por ello, nuestras organizaciones de librepensamiento, laicistas, humanistas, etc. en estos momentos de la historia de Europa, tendrán que recurrir (más) a desarrollar una potente pedagogía social y a la resistencia política, para tratar de no perder ciertos derechos civiles conquistados, que pretender avanzar en nuevos derechos, aunque sin renunciar a ello.

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