El islam se españoliza

La primera nacionalidad de los 1,8 millones de musulmanes residentes en España es… la española, gran novedad, principal conclusión de este columnista a partir de los datos contenidos en el último “Estudio demográfico de la población musulmana” elaborado anualmente por la Unión de Comunidades Islámicas de España -UCIDE- explotando el padrón municipal de habitantes del INE y otras fuentes como los ministerios de Justicia, Interior y Educación. 

En los últimos días han sido publicados no pocos artículos sobre el islam en España a raíz de la difusión de este informe, y prácticamente ningún medio ha encontrado lo más noticioso ni se ha resistido a mezclar o combinar el número de musulmanes con el terrorismo yihadista, operaciones policiales, detenidos y en el mejor de los casos han incluido alguna declaración de responsables religiosos desligando el Corán de la dinamita. 

Poca fe por parte de periodistas y medios en la demografía. 

Con voz campanuda o aflautada, la fuerza del dato es incontestable, hace innecesario acudir a otras fuentes y abre la vía para declaraciones rotundas, por ejemplo que el Islam ha dejado de ser una religión extranjera en España, que la ciudadanía española mayoritaria de los musulmanes les va a ir llevando a reclamar con mayor firmeza sus derechos -ya se está viendo-, incluso su potencial interés electoral, que debería despertar la atención de los partidos políticos por las preocupaciones del colectivo. 

Al finalizar el año 2015 la UCIDE contabiliza 779.080 musulmanes españoles (41% del total), con su DNI, pasaporte, derecho al voto en todo tipo de elecciones los que cumplan con la edad y los mismos deberes que el resto de sus compatriotas católicos, protestantes e incluso españoles ateos. 

Los musulmanes españoles han adelantado en número en 2015 a la que ha sido históricamente primera nacionalidad del islam en España, Marruecos, con 749.274 personas (40%), que residen principalmente en Cataluña, Andalucía, Madrid, Murcia y Comunidad Valenciana. 

Tercera nacionalidad de los musulmanes hispanos: Pakistán, 77.478 residentes en su mayor parte en Cataluña; siguen en la clasificación argelinos, senegaleses y nigerianos. 

La novedad estadística tiene una explicación, lejos de una estampida de gente hacia las mezquitas (se suele utilizar ese término para humanos que consideramos inferiores), explicación que no es otra que la progresiva adquisición de la nacionalidad de miles de inmigrantes por el hecho natural de cumplir una serie de años de residencia y trabajo en España, fenómeno que se produce con marroquíes, latinoamericanos y todos en general, el calendario pasa también para ellos; y la explicación también apunta a los niños. 

El informe mencionado detalla que los 779.000 musulmanes españoles son la suma de unos 70.000 ceutíes y melillenses de esa confesión; 22.800 que denomina naturales, que son los que podríamos llamar conversos, aunque el término no es muy fiable pues parece que han abandonado a alguien; 251.500 son nacionalizados, en su mayor parte se entiende que marroquíes de origen; y 433.000 descendientes de todos los anteriores, que es el cambio revolucionario (en el sentido de histórico, no de demolición del sistema), niños y jóvenes en su mayoría hijos de inmigrantes que han nacido en España, están escolarizados -un cuarto de millón-, hablan perfectamente el español como lengua propia, además se defenderán con bastante competencia en árabe dialectal y en francés y están aprendiendo inglés al mismo ritmo acelerado que los infantes de otras confesiones. 

Parte de esas nuevas generaciones ya ha empezado a trabajar, tienen la presencia y activismo femenino del conjunto de la población española, viven la religión de forma abierta y muy diferente a sus padres. 

Desde un punto de vista no religioso o partidario de una exquisita equidistancia del Estado con las confesiones religiosas, la españolización del islam en España podría tener como consecuencia que los musulmanes reclamaran presencia política, social y la asistencia religiosa en colegios, institutos, hospitales, Fuerzas Armadas, ya recogido en la legislación e incumplido, al menos al nivel de la religión católica. 

Con la nocturnidad religiosa de Adolfo Suárez con el PCE, el Gobierno en funciones de Rajoy ha aprovechado la pasada Semana Santa para dar el visto bueno a contenidos y programa de la religión islámica como asignatura de la enseñanza pública, decisión que puede marcar tendencia, al menos para superar la cifra de los actuales 48 profesores de islam en centros educativos de todo el país, frente a 15.000 de catolicismo. 

Siguiendo este camino hasta podríamos llegar a ver en breve a la Legión o a la Brigada Paracaidista (más exactamente, encuadradas en la División “Castillejos”, las Brigadas Orgánicas Polivalentes de Infantería ligera “Rey Alfonso XIII” II de La Legión de Almería; y “Almogávares” VI de Paracaidistas de Ajalvir) participando -de forma voluntaria y sin armas- en algunas de sus principales festividades como el Ramadán o la Fiesta del Sacrifico (de un cordero), como hoy hacen con entusiasmo en la procesiones católicas desde Málaga a Finisterre. 

Cabe también una evolución de los acontecimientos distinta: en vista de la dificultad creciente para que el ámbito público refleje y responda a las necesidades de las muy diversas confesiones, la pluralidad religiosa de los españoles podría remar a favor de la laicidad del Estado,desde el absoluto respeto a la confesión religiosa de cada ciudadano, libre de practicar y financiar con sus aportaciones individuales lo que considere oportuno para su equilibrio espiritual.

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