El 53% de los padres de colegios públicos piden clases de religión para sus hijos

Estudiantes en una clase con un crucifijo. / P. LORENZANA

Según las estadísticas que publica la Conferencia Episcopal, el 53% de los alumnos de los centros estatales, elige la asignatura de religión: un 55% en Infantil, un 63% en Primaria, otro 40% en la ESO y un 39% en Bachillerato.

Respecto a los centros de iniciativa social de titularidad civil los porcentajes están relativamente cerca ya que el 60% de los escolares optan por la religión: un 60% en la etapa infantil, un 67% en Primaria, un 54% en la ESO y un 41% en Bachillerato.

En los colegios de iniciativa social de titularidad canónica, el 97% de los alumnos, cursa la enseñanza católica.

Es en Primaria (años de la catequesis para recibir el Sacramento de la Comunión) la etapa donde los padres eligen más la religión para sus hijos, alcanzando al 70%.

Censura de la dimensión religiosa

Según los obispos españoles, la tendencia a la baja se debe a varios factores. Ante todo la secularización que vive nuestro país, que introduce una censura de la dimensión religiosa de la persona humana. “En la vida pública, el silencio sobre Dios se ha impuesto como norma indiscutible. Este silencio va produciendo una falta generalizada de aprecio y de valoración no sólo del cristianismo, sino de cualquier referencia religiosa”.

La CEE añade en un comunicado que “cada vez más la mentalidad de nuestros conciudadanos, también de no pocos cristianos, y especialmente de las generaciones nuevas, se va haciendo pragmática, sin referencias habituales a Dios y a la vida eterna”.

Asimismo, añade que “los padres y educadores cristianos, conscientes de estas dificultades, deben adoptar una actitud positiva, no sólo reclamando sus derechos a la hora de inscribir a sus hijos en la clase de religión, como establece la vigente legislación, sino apoyando con su palabra y testimonio a sus hijos”.

Por último, los obispos señalan que “conviene recordar que la enseñanza religiosa escolar forma parte del derecho de los padres. A ellos corresponde la educación de sus hijos y no al Estado. Invitamos, pues, a los padres a que defiendan sus derechos a educar a sus hijos según las convicciones religiosas y morales que ellos elijan. La eliminación de estas libertades debilita significativamente nuestra democracia y conduce a la imposición de un paradigma antropológico que, en ocasiones, se opone a la recta razón y a la revelación cristiana”.

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