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Cuatro años en el exilio por denunciar que un supuesto milagro era en realidad una tubería rota

Sanal Edamaruku lleva desde 2012 viviendo en el exilio. Si regresa a su país natal, La India, puede acabar con sus huesos en la cárcel o incluso asesinado. El crimen de Edamaruku es haber señalado a un grupo de devotos católicos que el agua que estaban bebiendo de los pies de un Cristo milagroso en realidad provenía de una tubería de desagüe rota.

La situación parece ridícula, pero la India es un país de contrastes. Dónde unos ven espiritualidad, otros ven ignorancia y superchería. Esta última opinión es la que prodiga la Asociación Racionalista de la India, un pequeño grupo de hombres de ciencia del que Edamaruku es precisamente su presidente.

Sanal Edamaruku se convirtió al racionalismo después de ver como un vecino suyo moría porque su familia renunció a los tratamientos médicos tradicionales en favor de curaciones basadas en la fe. Ya era famoso antes del incidente que lo llevó al exilio. Desde hace años, él y su grupo de escépticos recorren la India tratando de desmitificar las creencias pseudoreligiosas que ponen en peligro la vida de las personas.

Los problemas para este activista del racionalismo comenzaron en 2012, cuando la estatua del Cristo crucificado de Nuestra Señora de Velankanni, una pequeña parroquia en un suburbio de Mumbai, comenzó a gotear agua por los pies. El hecho no pasó desapercibido y la estatua pronto se convirtió en el origen de una larga cola de devotos que acudían para rezar a la imagen o incluso beber las gotas que manaban de sus pies.

Edamaruku investigó el fenómeno y no trató en encontrar una causa bastante más mundana que los supuestos sudores místicos del redentor. El agua se filtraba por capilaridad desde la tubería dañada de un desagüe cercano. El presidente de la Asociación Racionalista llevó el tema a la televisión india, donde mantuvo un encendido debate con varios líderes católicos locales que defendían el origen milagroso del torrente.

La revelación de Edamaruku no gustó a los miembros de la iglesia católica india, que denunciaron al pensador por blasfemia. Una demanda semejante no es ninguna broma en la India. El código penal del país, en su sección 295a, contempla duras sanciones contra los que “deliberadamente y con malicia vulneren los sentimientos religiosos de los ciudadanos”. Las penas que detalla esta ley que se remonta a la época colonial incluyen hasta tres años de cárcel y sanciones económicas. Edamaruku se enfrentaba a varias de estas demandas.

Finalmente, y ante la imposibilidad de conciliarse con los demandantes, el escéptico optó por un exilio autoimpuesto. Desde hace dos años reside en Finlandia, desde dónde ha decidido contar su historia a BBC News. Edamaruku también trabaja como editor para la Asociación Racionalista Internacional y aún coordina a los miembros de su propia asociación, que siguen jugándose el pellejo sobre el terreno en la India.

La expresión no es ninguna metáfora. En agosto de 2013, el doctor Narendra Dabholkar fue asesinado por dos desconocidos que lo tirotearon en un parque público. Dabholkar era otro miembros de la asociación que llevaba años desacreditando a chamanes, faquires y curanderos en el país.

Campaña de concienciación contra la violencia tras la muerte de Dabholkar. Foto: Wikimedia Commons
Campaña de concienciación contra la violencia tras la muerte de Dabholkar. Foto: Wikimedia Commons

Llegamos a 2016. Las demandas contra Edamaruku permanecen en pie pese a que varios expertos han apuntado que no tienen base legal. Desde la diócesis de la Iglesia Católica de Mumbai aseguran que las demandas fueron interpuestas por grupos cristianos radicales que no representan oficialmente a la comunidad católica. La Asociación Racionalista lo niega y asegura que el propio arzobispo de Mumbai ha solicitado una disculpa pública a Edamaruku por sus declaraciones sobre el Papa y la iglesia, cosa que el pensador no está dispuesto a hacer. La diócesis, a su vez, niega esta acusación.

Mientras tanto, en cierto suburbio de Mumbai, alguien ha arreglado una tubería y al Cristo de Velankanni ya no le sudan los pies. La higiene estomacal de sus feligreses sin duda lo agradecerá.

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