Criticismo, desnudez y sensibilidad religiosa

Para la religión todo lo que no se alinee con sus dogmas y sus intereses es pecado

El sentir religioso es de una delicadeza y de una vulnerabilidad sorprendentes

Las grandes religiones monoteístas llevan muchos siglos quemando, matando, torturando, aterrorizando y extorsionando

El jueves pasado se sentó en el banquillo, en un proceso penal, la politóloga y concejala del Ayuntamiento de Madrid Rita Maestre, imputada, junto a otros compañeros, para comparecer ante la justicia por participar, el 10 de marzo de 2011, en una protesta estudiantil en una capilla de la Universidad Complutense. Se le acusa de delitos contra la “libertad religiosa”. Exigían el cierre de las capillas en la Universidad pública, en cumplimiento de la laicidad que declara la Constitución española.

El grupo irrumpió en la capilla de la Facultad de Geografía e Historia, y, en la protesta, varias chicas se desnudaron de cintura para arriba, lo cual, al parecer, escandalizó a algunos y provocó una controvertida polémica. Porque no olvidemos que el sentimiento religioso es altamente sensiblero, y se escandaliza fácilmente por un sujetador de una adolescente, o ante cualquier expresión de alguien que denote que es racional y no cree en dioses ni en supersticiones varias.

El “sentimiento religioso”, sí, es altamente “sensible”; ver a un grupo de universitarias en sujetador hiere intensamente la sensibilidad religiosa, y ello a pesar de que las personas religiosas están muy habituadas al horror, y adoctrinadas, sin exageración alguna, en el loor al espanto. Dedos  mutilados a supuestos santos en frascos de alcanfor, cabelleras, reliquias de todo tipo, una imaginería articulada alrededor del dolor, con espinas, sangre, madres llorosas, cadáveres, momias, sacrificios, penas, valles de lágrimas. Para ellos eso es un primor, pero el sujetador de una adolescente es un pecado mortal; y si le muestra en una protesta en defensa de la laicidad del Estado, una verdadera herejía. Decía Graham Greene que la herejía no es más que una palabra para designar la libertad de pensamiento.

El sentir religioso es, ya digo, de una delicadeza y de una vulnerabilidad sorprendentes. Se erosiona con cosas tan “grotescas” como el amor, o como un beso, o como la alegría, la música, la risa, la libertad, la felicidad, o como el más nimio cuestionamiento, o la simple reflexión, o la duda. Para la religión todo lo que no se alinee con sus dogmas y sus intereses es pecado. Y resulta curiosa tanta fragilidad emocional en los adeptos a una organización sobre cuyas espaldas pesan muchos siglos de Inquisición, de torturas, quemas, persecuciones, guerras “santas”, y barbaries de todo tipo. Se calcula, muy grosso modo, que son más de quince millones los muertos, sólo en Europa, por las principales cruzadas, guerras y sediciones de la Iglesia católica a lo largo de su historia.

La protesta de Rita Maestre y el resto de universitarios era pacífica, y sustentada en la libertad de expresión que, supuestamente, ampara a todo ciudadano que vive en democracia. No mataron a nadie, no quemaron ni torturaron a nadie, no asustaron, ni culpabilizaron a nadie. Pero algunas chicas se quitaron las camisetas. ¡Y eso sí es una atrocidad! Decía Nietszche que ser cristiano implica odiar la inteligencia, la valentía, la libertad, el goce, el placer y la audacia del espíritu. Eso mismo que mostraron en su protesta la procesada y el resto de universitarios.

Rita Maestre se enfrenta a una pena de un año de cárcel por haber, supuestamente, ofendido a los católicos y por haber vulnerado el artículo 525 del Código Penal, que garantiza lo que comúnmente se denomina “libertad religiosa”, término ambiguo, manipulador y falaz que pretende eliminar cualquier criticismo, análisis o reprobación del hecho religioso.  No hay nadie más libre que los católicos en este país. La Iglesia percibe del Estado español once mil millones de euros anuales sólo en concepto de partida de los PGE. Eso ya no es sólo libertad, es indecente y antidemocrático privilegio. Y tenemos la religión infiltrada con descaro, y a cargo del bolsillo de todos, creyentes e increyentes, en la Sanidad, en la Educación, en la política, en las cárceles, en el Ejército…  ¿Quién falta el respeto a quién? Porque la libertad de culto no da derecho a violar los derechos ajenos.

Las grandes religiones monoteístas llevan muchos siglos, no sólo ofendiendo y faltando el respeto a la humanidad, sino quemando, matando, torturando, aterrorizando y extorsionando a las sociedades y a las personas. El terrorismo religioso produce tragedias como las vividas recientemente en París, o como la que vivimos en España en el atentado de Atocha. Siguen anulando a las mujeres. Siguen derogando las libertades. Siguen oponiéndose al progreso. Siguen imprimiendo su oscurantismo y alentando la ignorancia. Siguen enfrentándose a la ciencia y al conocimiento. Y siguen imponiendo sus dogmas y sus intereses en los Estados.

Hablemos de creencias y de respeto. Que una chica se suba la camiseta y deje a la vista su ropa interior o su torso desnudo en una capilla es un delito. Que se apoye a dictadores, que se abuse de niños de manera impune, que se saquee a un país, que se llenen los bancos Suizos de dinero robado a los españoles es “pecata minuta”, y aquí no ha pasado nada. Mundo loco. Los que más exigen respeto son los que llevan siglos sin respetar nada ni a nadie. Y siguen, por las evidencias, en ello.

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