¿Cristianos socialistas?

Es obvio que en el PSOE existe un lobby católico y conservador que lleva mucho tiempo desdibujando el armazón ideológico primigenio de este partido

Aunque a estas alturas ya me pueda creer cualquier cosa en este absurdo mundo que hemos creado, ya es difícil asimilar que puedan existir toreros animalistas, o pirómanos ecologistas, o carniceros que sean veganos. Pues probablemente los haya, como hay también socialistas cristianos. No digo que cada quien no pueda tener, en su privacidad y en la intimidad de su conciencia, las ideas que a cada cuál le venga en gana. No, no es eso. Lo que digo es que me parece absurdo, surrealista y absolutamente paradógico y contradictorio que se sigan las ideas de progreso que en España instauró don Pablo Iglesias, allá por 1870, y, a la vez, se sigan las contrarias, y se pretendan hacer compatibles.

Es obvio que en el PSOE existe un lobby católico y conservador que lleva mucho tiempo desdibujando el armazón ideológico primigenio de este partido. Porque el PSOE, aunque algunos de sus cargos se olviden de ello, es un partido que aboga por la laicidad del Estado desde sus propios orígenes. ¿Quién lo diría a tenor de los congresos que realizan los que se llaman cristianos socialistas? Esos socialistas que celebraron el pasado sábado 24 de enero la II Asamblea General de Cristianos Socialistas PSOE. Ya el nombre da grima. ¿Para qué se tienen que reunir a título público los socialistas cristianos si no es para hacer proselitismo de su confesión religiosa y para hacer prevalecer en su partido los idearios que, aunque de cara al escaparate vendan amor al prójimo y solidaridad, bien sabemos que su realidad es la de abogar por la intolerancia, contra los derechos humanos, contra la democracia y las libertades?

¿Acaso los socialistas ateos hacen congresos y asambleas para defender su racionalidad? ¿Acaso los escépticos socialistas se reúnen en cónclaves para difundir las bondades de sus ideas? No. Es más, mientras que los ateos y racionalistas, que siguen estando muy mal vistos en este país gracias a siglos de persecución y difamación, no reciben un euro por ser librepensadores, la Iglesia de los cristianos españoles le cuesta 11.000.000.000 de euros anuales al Estado español; es decir, al bolsillo de todos los españoles que trabajamos duro, pagamos el IBI y demás impuestos, no lavamos el cerebro a nadie, no nos vendemos como salvadores de nada, no nos autoatribuimos el monopolio de ninguna moral, y no prometemos a nadie, a cambio de adhesión y de dinero, parcelas en ningún lugar de ultratumba.

Entiendo muy bien que el supuesto ideario del cristianismo de base, cuyos supuestos postulados son la solidaridad y el amor al prójimo, son más que atractivos para muchas personas que se dejan atrapar por esas aparentes bondades. Sin embargo, la información, los libros, las investigaciones, el conocimiento están ahí. Y no hay que ser ningún superdotado para llegar a saber que todos esos postulados teóricos de paz y amor son, en la realidad, una gran mentira. Que la realidad del cristianismo es muy otra. Que muchos historiadores y expertos en religiones saben muy bien que es la organización humana que más daños ha causado y más abusos de todo tipo ha cometido contra la humanidad en toda su historia. Los socialistas cristianos, simplemente, no se han informado bien, ni se han despojado de las telarañas del adoctrinamiento. Así de contundente es el adoctrinamiento religioso. Media humanidad es capaz de seguir con fervor la moral que predica una organización que, por la realidad, los hechos y las evidencias, es de lo más inmoral que se pueda concebir.

Así y todo, uno de los que muchos creíamos que era uno de los bastiones laicistas del PSOE, Patxi López, ha participado en esa Asamblea de cristianos socialistas vertiendo algunas perlas dialécticas que parecen axiomas de quien pretende nadar y guardar la ropa. “Hay quien se cree más de izquierda por ser antirreligioso”, dijo en su comparecencia; y dijo también: “Hay una corriente laicista que pretende reducir la religión al estricto ámbito de lo personal, de lo privado”.

La laicidad es eso, precisamente, limitar la presencia confesional en el ámbito de lo privado, respetando absolutamente la asepsia confesional a la que están obligadas las instituciones. Con respecto a ser de izquierdas y “antirreligioso”, pues no es así exactamente, porque, repito, los cristianos socialistas pueden ser todo lo cristianos, o budistas, o sintoístas, o ateos, o adoradores del monstruo del Lago Ness que quierean, pero en privado, alejando absolutamente sus creencias de su militancia política. Sin embargo, por supuesto que ser progresista conlleva el rechazo a cualquier forma de totalitarismo, de micro o macrofascismo, de intolerancia y de cualquier ideario que ponga freno a los derechos humanos, a la evolución, a la libertad y al progreso social. Si todos los socialistas laicistas son como el señor López, me temo que la laicidad queda muy lejana en este país. Afortunadamente Pedro Sánchez parece tenerlo más claro y promete en su programa, y admite como su responsabilidad, avanzar hacia un Estado laico.

No existe ningún otro modo de que este país consiga llegar a afianzar su democracia, porque toda injerencia de la religión en un Estado le convierte en una teocracia, justamente el polo opuesto a todo argumentario progresista y democrático. No existe posibilidad de progreso si la sociedad continúa bajo el peso de la superstición y de la ignorancia, sólo sobre el pilar de la razón. Socialismo y cristianismo son conceptos, en esencia, incompatibles, puesto que realmente, como dijo Ernest Hemingway, todo hombre racional es ateo. Ya lo dijo el gran Diego Rivera, “la fe es el patrimonio de los idiotas”.

Coral Bravo es Doctora en Filología

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