Los rezos en las iglesias

Una profesora da clases a niños de segundo de Primaria en un colegio de Lleida con una imagen de una Virgen en la pared frontal.

La escalonada entrada en vigor de la Lomce, la ley con la que el malministro Wert está dispuesto a destrozar la educación pública, tiene como una de sus consecuencias la necesidad de establecer por parte de las comunidades autónomas el curriculum correspondiente a los cursos en los que comienza a aplicarse la nueva norma.

En el caso de la comunidad de Castilla y León, al igual que sucede en el resto de las comunidades autónomas, los trabajos se encuentran sensiblemente retrasados, de tal manera que es muy posible finalice el actual curso sin que sepamos lo que muchos estudiantes tendrán que estudiar el próximo curso, el material didáctico que tendrán que utilizar, o los criterios de evaluación.

Sin embargo, la excepción viene dada por la asignatura de religión, en la que la Administración Pública se limita a pagar sus costes (con el dinero de todos), pero concede a la Conferencia Episcopal todo el poder para fijar sus contenidos, elegir sus profesores (pagados por el Estado), elegir los libros de texto y tomar cuantas decisiones tenga a bien para su mayor provecho. Y por supuesto estos señores no desaprovechan ninguna oportunidad, por lo que ya han aprobado el curriculum de la asignatura de religión en los distintos cursos de educación primaria; en consecuencia, no sabemos el contenido que el próximo año tendrán asignaturas como lengua española o matemáticas, pero sí sabemos el contenido de la asignatura de religión, lo que nos da una cierta idea de la verdadera importancia que este gobierno concede a cada cosa.

El resultado parece extraído del Nodo: Los alumnos de primaria volverán a rezar en las aulas de la escuela pública (no sabemos si se volverán a colocar crucifijos en los edificios públicos); la asignatura de religión no tendrá como finalidad la de dar a conocer el hecho religioso, sino al puro y duro adoctrinamiento, hasta el punto de que desaparece cualquier referencia a la existencia de otras religiones que no sean la católica. De nuevo la sumisión del poder civil ante el poder religioso, la alargada sombra de la iglesia que pretende controlar las conciencias.

Algunos podrán decir que la asignatura de religión es voluntaria, y que por lo tanto es una cuestión de los padres que deciden matricular a sus hijos en ésta, pero ese argumento no es admisible. Y no lo es porque estamos en un estado laico, y por lo tanto la escuela pública está para formar personas libres y críticas; y no lo es porque tal y como se concibe no es más que una forma de segregación en función de las ideas religiosas; y no lo es porque mientras se imparte la asignatura de religión los alumnos no matriculados se dedican simplemente a no hacer nada, porque cualquier actividad que se haga con ellos se considera discriminatoria porque no podrá ser aprovechada por lo que están en clase de religión; y no lo es porque el Estado no puede poner tal cantidad de recursos al servicio de una entidad privada, por muy poderosa que esta sea, para que capte adeptos.

Y a pesar de todo, todavía les parece poco. Los obispos manifiestan su malestar porque aún quieren más, carecen de límites.

La organización Europa Laica ha puesto en marcha una campaña para exigir que la enseñanza religiosa deje de impartirse en las escuelas. Es una cuestión de sentido común.

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