Guardianes del pensamiento massista

El mentor de la fundación es el intendente de San Miguel, Joaquín de la Torre, uno de los hombres de Sergio Massa. Fue presentada en la Universidad Católica Argentina y en sus filas hay varios integrantes del Opus Dei.

La Fundación Concordia se identifica con el eslogan “Renovar ideas, proyectar el país”. Es el flamante think tank de Sergio Massa, según su mentor, el intendente de San Miguel, Joaquín de la Torre, y quedó formalmente presentada en el auditorio Santa Cecilia de la Universidad Católica Argentina (UCA). No podía ser de otra manera. Algunos de sus integrantes pertenecen al Opus Dei, como Max Perkins Oneto Gaona, secretario de Seguridad de aquel municipio, quien pasó antes por la agencia gubernamental porteña cuando la dirigía Federico Young, el ex juez defensor de la última dictadura. La cohesión ideológica entre estos personajes queda a la vista: el jefe comunal, uno de los pioneros en saltar del Frente para la Victoria al Frente Renovador, firmó una solicitada el 26 de junio de 1989 que defendía el régimen cívico-militar. Veinticinco años después, ahora dice que, desde Concordia, “la idea es generar cuadros técnicos para cuando nos toque gobernar la Argentina”.

Parado frente al atril y con un enorme crucifijo a su derecha, De la Torre presentó el seminario sobre Gestión y seguridad. El caso de Río de Janeiro, la actividad bautismal de su fundación. Había invitado a disertar a José Mariano Benincá Beltrame, el creador brasileño de las Unidades de Policía Pacificadoras (UPP), que impusieron su presencia en las favelas para contrarrestar al narcotráfico (ver aparte). En el auditorio que lo escuchó se destacaban los intendentes massistas Gabriel Katopodis (San Martín), Carlos Selva (Mercedes) y Jorge Macri (Vicente López), pero también al ex jefe de la Policía Metropolitana, Eugenio Burzaco. Este último es un viejo conocido de otro miembro de Concordia: el abogado Diego Gorgal colaboró con aquél como coautor del libro Rehenes de la violencia (Editorial Atlántida 2001).

Experto en seguridad, Gorgal es el cuadro técnico con más experiencia en la función pública de la fundación. Trabajó para el gobierno nacional de Eduardo Duhalde; en la ciudad, para los intendentes Aníbal Ibarra y Jorge Telerman; y en la provincia de Buenos Aires, con Daniel Scioli. Fue asesor, subsecretario, secretario de Estado y ministro. Su trayectoria en la política se consolidó bajo el padrinazgo de Juan José Alvarez. Un funcionario multipropósito que además se consagró como agente de la SIDE durante la dictadura y fue el último jefe de campaña de Massa.

Concordia es el nombre que lleva otra fundación de los misioneros de los sagrados corazones de Jesús y María, aunque nada tiene que ver con la del intendente de San Miguel. De la Torre conformó un grupo de especialistas en seguridad, desarrollo social, desarrollo económico y salud. Además de Perkins Oneto Gaona y Gorgal, la integran el politólogo Daniel Arroyo, el licenciado en Administración de Empresas y Comercialización Federico Kruse y el médico Mario Russo. La mayoría trabaja en el equipo de colaboradores que De la Torre tiene en el municipio.

En su página web, la incipiente industria de cuadros del Frente Renovador, enuncia su declaración de principios: “La política es esencialmente vida en común. Esta dimensión requiere, para favorecer a la comunidad toda, sobrepasar los límites de los intereses individuales. La política no consiste en satisfacer deseos u objetivos egoístas; se sitúa en otra esfera. Alcanzar este plano superior implica contratos, promesas, debate y pactos. Todos éstos son pasos necesarios, pero todavía no completos de la vida social”.

El intendente de San Miguel aspira a metas mayores. La gobernación de Buenos Aires podría ser la próxima. Desde el municipio pretende posicionarse con ese objetivo, comparando su gestión con la de su jefe político en Tigre. Es su modelo a seguir. En la inauguración del período de sesiones del Concejo Deliberante de este año dijo que el distrito “sólo fue superado por Tigre en la disminución del robo automotor”. Y se floreó con detalles referidos a la compra de cámaras de seguridad como señala el decálogo del Frente Renovador.

Prometió llegar a unas 310 en 2014, lo que arrojará un promedio de más de una cámara cada mil habitantes. Entre aplausos, leyó estadísticas, mencionó logros de su aparato orwelliano y dijo que gracias a las benditas videocámaras quedaron grabados 2878 delitos o contravenciones en la vía pública. “De 2012 a 2013 el delito bajó en San Miguel un 19 por ciento”, se ufanó el ex alumno del Colegio Don Jaime.

De la Torre se formó en ese instituto educativo que cerró hace algo más de diez años. Ahí se desempeñó como capellán durante la dictadura monseñor Héctor Aguer, el actual arzobispo de La Plata, uno de los más conservadores de la Iglesia. También estudiaron los hijos menores del dictador Videla. Y el intendente se recibió de bachiller con Orientación en Ciencias Humanas. El Don Jaime lo marcó. Acaso por esas influencias refrendó la solicitada del ’89. Bien entrada la democracia, el texto decía: “Expresamos nuestro reconocimiento y solidaridad a la totalidad de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales que defendieron a la Nación en la guerra desatada por la agresión subversiva y derrotaron a las organizaciones terroristas que pretendieron imponernos un régimen marxista”. Compartió la lista de apoyos con Videla, Massera y el ex jefe de la Policía Bonaerense, coronel Ramón Camps.

Su vocero, Juan Martín Roldán, cuando se difundió el tema en 2010, reconoció que “la solicitada existió y no lo negamos”. Pero trató de comprenderlo porque “él en ese momento tenía 25 años, no tenía militancia política y fue una iniciativa del padre, que viene de una familia conservadora”.

En el ’89, De la Torre todavía jugaba al rugby en el club Regatas de Bella Vista, donde se destacó como medio apertura, capitán y salió campeón del torneo de Seven de la UAR en 1985, además de integrar el seleccionado juvenil Los Pumitas. Los datos están en una página del club bajo el título: “Jugadores que no se olvidan”.

El colegio Don Jaime, del que también salieron muchos rugbiers de Regatas, formó estudiantes católicos durante 45 años, hasta su cierre por problemas económicos. En el libro El dictador, de María Seoane y Vicente Muleiro, los autores le dedican un párrafo al instituto donde forjó su pensamiento el fundador de Concordia: “…situado en Bella Vista, llevaba el nombre de un caballero español de la Edad Media que alentaba la imposición del Evangelio mediante la fuerza. Allí los adolescentes recitaban estos versos: Ay Virgencita que luces / ojos de dulces miradas / que vieron pasar espadas / que dieron paso a las cruces / brillen de nuevo las luces / del filo de las espadas”.

Visto como una panacea

José Mariano Benincá Beltrame es el secretario de Seguridad Pública de Río de Janeiro. Hace ocho años que ocupa un cargo en el que, durante cuatro décadas, ningún funcionario que lo antecedió duró lo que él. Invitado al seminario de la Fundación Concordia junto a Roberto Cesario de Sá, su subsecretario de Planeamiento e Integración Operacional, el policía brasileño encontró buena recepción a sus ideas y propuestas en el auditorio de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Concordia informó que los invitados centraron sus respectivas exposiciones en el “Plan de Pacificación de Río de Janeiro, que logró restituir la ciudadanía a dos millones de personas repartidas en 253 favelas pacificadas en siete años de gestión”. Un modelo que Joaquín de la Torre y los cuadros de su fundación ven como la panacea. Toman en cuenta las estadísticas que dio Benincá Beltrame: antes del plan de las Unidades de Policía Pacificadoras (UPP), lanzado en 2009, Río tenía una tasa de 49,9 homicidios cada 100 mil habitantes. En 2014, la Secretaría de Seguridad Pública aspira a que baje hasta 24,5.

El funcionario, aun con los resultados que puede mostrar su gestión, tiene un pasado oscuro. Según Jair Krischke, antiguo militante del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos de Brasil, participó durante la dictadura militar como “informante infiltrado en el movimiento estudiantil de los secundarios de Porto Alegre”. Su historia es relatada en el libro Los infiltrados, de los investigadores Carlos Wagner, Carlos Etchichury y Humberto Trezzi, publicado en 2011 por Editora AGE. Quien lo acusa es un compañero de la Policía Federal, Telmo Fontoura. Benincá Beltrame niega la imputación de haber actuado como infiltrado a partir de 1981, cuando ingresó a la fuerza. Pero reconoce que controló movilizaciones en Porto Alegre (http://zerohora.clicrbs.com.br/rs/pagina/josemarianobeltrame.html).

Krischke actualiza sus datos cuando sostiene que, en hechos recientes de Rio de Janeiro, “usó policías infiltrados ‘plantando’ pruebas truchas para incriminar estudiantes, además de utilizar autos sin identificación que creaban terror entre los manifestantes”.

Joaquin de la Torre

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