Secretos de confesión

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Bonifacio de la Cuadra, licenciado en Derecho y veterano periodista, natural de Úbeda (Jaén), pertenece al equipo fundador del diario El País, al que ha dedicado gran parte de su actividad profesional. Fue coordinador de la información parlamentaria y en una segunda etapa corresponsal jurídico.
Actualmente publica artículos de opinión y es profesor del Máster de Periodismo UAM / EL PAÍS.
Siguió paso a paso la transición y el proceso constituyente, sobre los que publicó, con Soledad Gallego-Díaz, Del consenso al desencanto y Crónica secreta de la Constitución.
Se inició en el género con el primer relato, tan verídico y tan  negro, editado sobre la intentona golpista del 23-F, tras vivirla en directo: Todos al suelo, publicado con otros seis periodistas.
La presente novela, Secretos de confesión, es la primera obra de ficción que publica, para la que le ha sido muy útil el conocimiento periodístico de las corruptas estructuras del poder, capaces de tapar crímenes horrendos, como los cometidos por ministros de la Iglesia católica, con los niños como víctimas de sus abusos sexuales.

Secretos de confesión. Bonifacio de la Cuadra. Ediciones El Garaje. Colección El Garaje Negro. Madrid, 2012   14 euros

SOBRE LA NOVELA.
Tras el “ave María purísima” con el que se inicia la confesión católica y la presente novela, y la réplica “sin pecado concebida”… Cosme sacó una pistola y disparó sobre la cabeza y el pecho de don Isidoro. Cosme se sintió satisfecho de lo que acababa de hacer.
La muerte de un sacerdote en su confesionario, en vísperas de la visita del Papa a España, y las oscuras tramas y complicidades de la pederastia eclesiástica que se traslucen tras el crimen, no son la mejor de las situaciones para preparar el evento. Gobierno, judicatura y Conferencia Episcopal se ven enzarzados en sus propias miserias para limitar el estrago. Alguien tendrá que buscar la verdad o, al menos, una parte de la verdad, esa famosa punta del iceberg. Un bufete de abogados comprometidos tendrá que vérselas con tales mimbres y enfrentarse a las no escasas dificultades.
Una novela que viene a enriquecer nuestra colección Garaje Negro, escrita por un gran periodista, Bonifacio de la Cuadra, que conoce el tema, el talante de los protagonistas (más reales que ficticios) y sabe bien cómo se las gastan.

Unas palabras sobre mi novela

¿Cuántos crímenes se tapan con las sotanas? ¿Por qué tienen los políticos tanto miramiento con los eclesiásticos? ¿Se cambian los delitos de los religiosos por los votos obtenibles gracias a los púlpitos? ¿Son investigados los curas pedófilos? ¿Se atreven las familias a denunciar los abusos sexuales a menores? ¿Acusan los fiscales? ¿Condenan los jueces? ¿O todo se resuelve con el secreto de confesión?

    La novela parte de la hipótesis de que en España se practica la pederastia sacerdotal tanto, al menos, como en Estados Unidos, Bélgica, Holanda y otros países europeos, entre ellos la católica Irlanda, si bien son muy pocos los casos que, en la católica España, han aflorado ante los tribunales. En la novela, la justicia encarcela a un trabajador inmigrante, pero intenta disimular las agresiones sexuales de sacerdotes a menores. Un fiscal lo explica así: “No es lo mismo acusar a un inmigrante que a un obispo”.

    Entre los argumentos para tapar la pederastia sacerdotal, aparece el viaje del Papa a España  y la vehemente necesidad de evitarle que sufra, a diferencia de lo que ha ocurrido en otros países, en los que el Santo Padre ha llegado a pedir perdón a las víctimas. El camino para impedirle tanto sufrimiento no es acabar con esa lacra, sino conseguir que en España no aparezca, que no se vea. La Conferencia Episcopal lo tiene claro y acude a todas las presiones ante los poderes públicos para borrar las huellas, cada vez más visibles, de ese delito…

    Esta novela, que se inicia con el asesinato de un sacerdote, en el confesionario, indaga y describe el modo de actuar de los ministros de la Iglesia y sus habilidades para escurrir el bulto, negar la evidencia y justificar con la dedicación apostólica, las más sucias conductas… Aparece también la corrupción política y de la justicia, mediante la complicidad entre los poderes en aras de la impunidad sacerdotal, contra la que se esfuerzan algunos juristas comprometidos, que defienden, en un ambiente hostil, los derechos de las víctimas.

    Muchos de los personajes más negros de la trama son puro reflejo de los prebostes de la realidad. Así, tras los sucesos protagonizados hace unos meses por el entonces presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar -con sus injustificados gastos privados a costa del erario público-, la novela recrea el perfil de un jurista con idénticos cargos, “designado por consenso de los dos grandes partidos: un personaje untuoso, de saludo verbal y manual flácido y de acendrada religiosidad”, que se dirige telefónicamente, con su “voz gangosa, blanda, algodonosa”, a la juez que tiene sentado en el banquillo a un párroco, y le sugiere que conduzca y resuelva el juicio “con prudencia”. La juez Sonia de la novela le cuelga el teléfono.

    La máxima negrura de Secretos de confesión -que empieza con el asesinato de un cura e incluye la muerte de un monaguillo y la investigación penal de esos hechos y de los indicios de abusos a menores- reside en la justificación religiosa y pastoral con que los clérigos eluden sus responsabilidades y se consideran víctimas de un ataque en toda regla contra la Iglesia.

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