Plataforma contra la contaminación acústica de las campanas

Argumentos y reflexiones sobre las campanadas

Me gustaría reflexionar sobre la polémica que desde hace años se ha creado en torno al molesto ruido que para muchos ocasionan las campanadas de las iglesias y por contra el agrado y la aceptación que les proporciona a otros. Creo que estas molestias son debidas en gran parte a los nuevos sistemas informáticos adaptados a los campanarios, que han aumentado el número de repeticiones y su volumen en exceso.

Sus detractores argumentan que el ruido que producen les molesta, sobre todo por las noches, ya que en muchas ciudades y pueblos permanecen repicando toda la noche, pero también les resultan molestas durante el día debido al alto volumen de los repiques y a su excesivo número de repeticiones. Sus partidarios defienden, en su extensa lista de argumentaciones a favor, que las campanas son una tradición, que han estado toda la vida y que por lo tanto no quieren ni oír hablar del tema. Como yo me encuentro entre los detractores y afectados por estos molestos repiques, he intentado analizar, reflexionar y refutar algunos de estos argumentos y las afirmaciones, a mi juicio no válidas ni convincentes, que se pueden escuchar por parte de sus defensores:

1. “Las campanadas son una tradición”.

No creo que esta afirmación sirva para ratificar la permanencia de las campanas. Todos sabemos que hay tradiciones que no por el hecho de ser tradiciones han de permanecer. Como ejemplos podemos encontrar las corridas de toros, o las fiestas en las que se maltratan animales (tirar cabras desde un campanario, peleas de gallos, etc). Quizás se pueda rebatir que son cosas muy diferentes, que una cosa es cruel y la otra no lo es (simplemente es molesta), pero como argumento no puede servir ya que una tradición puede ser buena o mala, ser culturalmente beneficiosa o no serlo, mantenerse actual en el tiempo o estar obsoleta . Algunos dirán que es algo cultural, pero a mi entender la cultura no es algo impuesto a los demás, ni una serie de patrones establecidos con el tiempo, sino unos modelos de conducta que nos enriquecen y a través de los cuales el ser humano se expresa o aprende accediendo a ellos de forma voluntaria, no de forma obligada.

2.“Las campanadas han estado toda la vida y antes que las casas ”

No por el hecho de haber estado siempre las cosas han de seguir estando siempre. Durante varios siglos la Inquisición quemó a mucha gente por pensar de manera diferente; durante “toda la vida” no se podía comer carne los Viernes; durante “toda la vida” era pecado tener relaciones sexuales antes del matrimonio; durante “toda la vida” la esclavitud era normal, pero no por ello estas costumbres deben ser aceptadas. Otro error argumental.
Ciertamente las campanas estaban antes que las casas, y también posiblemente el bar de la esquina que pone la música a todo volumen, o la fábrica que produce residuos en la atmósfera, pero no por ello tenemos que aguantarlo y sufrir sus excesos. Todos sabemos que las campanas llevan tocando más de 500 años. Pero ¿no es cierto que si las cosas no pudieran cambiarse estaríamos aún en la edad de piedra?

Además hay que tener muy en cuenta que durante muchos siglos, antes de que la tecnología y la informática se pudiese aplicar a los mecanismos que controlan los repiques de los campanarios, las campanas se tocaban manualmente y lo hacía un joven monaguillo estirando una cuerda. Lógicamente ni tocaban por la noche, ni tocaban la cantidad de repiques programados que la tecnología permite hoy en día : todos los cuartos, las medias, las horas por duplicado e inacabables toques religiosos.

3. “Nos acompañan y nos guiamos por las campanas”.

Pues si uno quiere estar acompañado hay maneras más silenciosas o más divertidas. Si les gusta su sonido pueden ponerse en su casa un reloj de péndulo que toque las horas. Piensen que a otras personas puede no gustarles o incluso molestarles. Hay que tener en cuenta que las personas que viven en las inmediaciones de los campanarios son los que sufren más las consecuencias. Es muy fácil decir que quieres que continúen las campanas si vives lejos y apenas las oyes.

4. “Las campanadas nos señalan las horas y cumplen una función”.

Hoy en día por pocos euros tienes un reloj digital y silencioso que funciona a la perfección. Respecto a su función, que sí tenía en épocas pasadas (dar la hora, avisar de los ataques exteriores, toques religiosos, etc), está claro que los tiempos han cambiado y estas funciones han quedado obsoletas.

5. “Hay ruidos mucho más desagradables que las campanadas”.

Por supuesto, pero son ruidos con los que tenemos que convivir ya que es el precio que paga la sociedad por los servicios que nos reportan (coches, fábricas, aviones, aeropuertos, etc). Obviamente estos ruidos han de ser controlados y regulados según marca la reglamentación en cuanto a decibelios permitidos. Sin embargo las campanas producen un ruido del que no se obtiene ningún beneficio para nadie y sin embargo quedan excluidas de esta normativa acústica. ¿Es que a la Iglesia le han de ser concedidos unos privilegios especiales en cuanto a las leyes que preservan de la contaminación acústica?

6. “Estamos en un país de tradición católica y por tanto la Iglesia puede tocar las campanadas de carácter religioso”.

Pues no, estamos en un país laico aconfesional en el que hay libertad de religión. Me parece muy bien que cada cual profese la religión que quiera, pero de puertas adentro; los que no queremos participar en estos ritos religiosos no tenemos porque escuchar en nuestras viviendas todos estos repiques de las campanas (misas, oración, ángelus, entierros, bodas, bautizos, fiestas de guardar, etc). Mantener en todo caso para las familias que lo deseen los toques a muertos con una duración no superior a 2 minutos (Hay pueblos que tocan a muertos 3 veces por cada fallecido con una duración de 5 minutos cada vez ). No sé que pasará cuando el pueblo aumente su población o que pasaría si esto sucesiese en una gran ciudad en la que cada día hay decenas de muertos.

“Que se vayan a vivir a la ciudad o a otro lugar si no les gustan las costumbres de los pueblos”.

También existen campanarios en las ciudades que producen mucho ruido y nos molestan de la misma forma. Por supuesto, los que somos de ciudad y hemos venido a vivir a un pueblo lo hemos hecho porque nos gusta vivir en un pueblo. No pretendemos cambiar sus costumbres, ni su entorno, sino todo lo contrario, preservarlo de la especulación y de los abusos urbanísticos, pero hay algunas cosas que siempre pueden, con buena voluntad, adecuarse al gusto de todos e incluso mejorarse.
Es obvio que la gente de la ciudad tiene el mismo derecho a vivir en el pueblo que elijan, ya que dicho pueblo no es patrimonio único de los nacidos en él. Cualquier persona que viva en un lugar y pague sus impuestos tiene derecho a hacer una reclamación legal sobre cualquier aspecto que juzgue injusto. Después la ley o los tribunales se encargaran de darle o no la razón.

Dicho esto quisiera sin embargo exponer que todo en la vida puede tener matices y que con buena voluntad pueden adecuarse muchas cosas al gusto de todos. Puedo comprender que haya muchas personas que por tener unas costumbres muy arraigadas y por su diferente sensibilidad les puedan gustar las campanas, pero teniendo en cuenta que hoy en día las campanas están reguladas en su nivel de sonido con sistemas informáticos, resultaría muy fácil programarlo de diferente manera

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1 respuesta

  1. 4 noviembre, 2016

    […] sobre ruidos (aunque la de mi ciudad ni siquiera contempla las campanas como emisoras de ruidos) y contribuye a la contaminación acústica en nuestras ciudades. Según parece, hay poca jurisprudencia al respecto y las pocas sentencias […]