Los “talibanes” cristianos de un pueblo de México

Destruyeron dos escuelas laicas y han bloqueado el inicio del curso a 270 niños. El problema va más allá de la educación en este pueblo ajeno a las leyes del país y donde hace décadas se denunciaron violaciones y abusos sexuales

"Nunca dejan que estudien los niños porque dicen que es del diablo… Quieren que recemos nada más". Gerardo, que no llega a los diez años, sujeta la pancarta tras la que marcharon el lunes medio centenar de pequeños de este pueblo del oeste mexicano con mensajes muy claros: "Queremos enseñanza laica y gratuita" o "justicia". Pero, de momento, nadie se la garantiza. El curso escolar comenzó en todo México el 20 de agosto pero 270 menores no saben cuándo podrán ir a clase porque los fanáticos ultracatólicos de la comunidad donde viven, Nueva Jerusalén, destruyeron y quemaron las escuelas laicas en julio y ahora han bloqueado incluso a golpes toda alternativa de educación fuera de la suya (que se limita a leer y escribir rezos y cánticos). El despliegue de 200 policías en los alrededores del pueblo solo ha logrado calmar temporalmente los ánimos pero, de momento, ni hay clases, ni hay detenidos por los actos vandálicos contra el colegio público. Sólo hay tensión, incertidumbre y miedo.

La pugna por la educación ha sido el último capítulo de años de enfrentamientos de distinta intensidad en esta comunidad ultrarreligiosa de 4.000 vecinos, donde un millar más moderado se ha rebelado contra la intransigencia del resto.

La situación en este pueblo, perteneciente al municipio de Turícato (de 30.000 habitantes) y situado en un monte junto a un valle azucarero de Michoacán, "es crítica pero el gobierno del Estado de Michoacán está indeciso, no saben si intervenir", ha asegurado a ElMUNDO.es el alcalde de Turícato, Salvador Barrera Medrano, del partido izquierdista PRD. "Es peligroso porque estamos plenamente convencidos de que tienen armas de fuego pero no operar generará otro tipo de problemas porque hay violaciones a la ley que son intolerables".

Nueva Jerusalén fue creada en 1973 por el sacerdote Nabor Cárdenas, 'Papá Nabor' (un cura elevado a obispo en 2003 y luego excomulgado por la Iglesia Católica en 2007, un año antes de morir) y ahora es liderada por el padre Martín de Tours aunque una minoría 'disidente' no le aceptó como sucesor.

Aquí las leyes mexicanas no tienen vigencia, es un estado dentro del estado y desde la misma entrada del pueblo unos carteles deja claros sus estatutos: la Virgen del Rosario es la regidora y 'Papa Nabor', o su sucesor, son los únicos con la "gracia de comprender" las visiones -continuas- de la virgen y de transmitírselas al pueblo.

La vida en esta comunidad, donde casi todo está prohibido -desde que las mujeres lleven pantalones, maquillaje o la cabeza descubierta, hasta montar en bicicleta, ver la tele, jugar al fútbol, el alcohol y hasta los noviazgos o leer la prensa- está marcada por dos cosas: los rezos continuos que salen de la iglesia e invaden el lugar 24 horas al día (los fieles se van turnando en los cánticos); y por las penitencias para garantizar la 'salvación' de la comunidad. "Cuando nos lo dicen, recorremos de rodillas el pueblo o lo que manden para que lo malo no nos llegue –dice una anciana- ¿Dónde vamos a estar en paz, con tantas cosas que pasan allá fuera?".

El 6 de julio pasado el 'mandato' de la Virgen del Rosario fue contundente, según se encargaron de transmitir los líderes religiosos: había que destruir "sin miedo y con alegría" la "obra del demonio", la escuela laica que había logrado ponerse en marcha tras la muerte de Papá Nabor y pese a las críticas de los ultras, cuenta Rosario Colín, cuya casa retumbaba con los golpes que iban haciendo añicos el colegio. Nadie pudo evitarlo.

Armas, abusos y manipulación

"Nosotros tenemos un cuerpo policial de 25 elementos que no se ha podido ampliar por complicaciones con los procedimientos de control de confianza (los que teóricamente evitan que el crimen se infiltre en la corporación) y no podemos entrar en la comunidad", se excusa el alcalde Barrera. "Ellos tienen su propio cuerpo policial que es ilegal y está deteniendo a ciudadanos y estamos plenamente convencidos de que tienen armas de fuego aunque cuando llega alguien de fuera las esconden", añade.

Según denuncia, su ayuntamiento ha pedido ayuda al gobierno de Michoacán pero de momento no hay respuesta para diseñar una “intervención” que "haga valer el Estado de derecho aunque para ello haya que demoler muros y detener a fugitivos", tanto los que derrumbaron las escuelas como los que, "se han ido refugiando en el pueblo durante años". Salvador Barrera no especifica de qué tipo de delincuentes habla y aunque no menciona al crimen organizado, se encarga de recordar que hace diez años se veían aterrizar avionetas por allí, una zona de intenso tráfico de droga.

El gobierno de Michoacán, por boca de su portavoz, Jesús Reyna, asegura que "no se cederá a los caprichos ni a la fuerza de ninguno de los dos grupos" pero, de momento, espera con efectivos antimotines preparados en las puertas de la comunidad.

"Las autoridades han dejado hacer a Nueva Jerusalén durante décadas y aunque ha habido denuncias serias", insiste, por su parte, el alcalde de Turícato, en el poder desde enero. "En los 90 hubo violaciones de menores con hijos incluidos, expulsiones de vecinos, pero nunca ha habido responsables".

A su juicio, el problema no es la educación es la gobernabilidad. "Hay dos tipos de personas, los manipulables y los que viven de ellos" gracias al dinero de las limosnas, a que la iglesia controla todas las contrataciones de jornaleros y al "diezmo" que los trabajadores tienen que aportarles, el jornal de un día cada semana. "Por eso cuando los disidentes se negaron a pagar y luego con lo de las escuelas todo se agravó", indica Barrera.

Así las cosas llegar a un acuerdo parece complicado. Un portavoz de los ultrarreligiosos, Oscar Montero, preguntó al alcalde a través de la prensa que qué valía más si "el derecho a la vida o el derecho a la educación". "Si usted (el alcalde) sigue provocando para que se peleen los grupos que habitan Nueva Jerusalén sepa de una vez que será el único responsable si llega a haber enfrentamientos", amenazó.

El pueblo, que siempre rechazó a los extraños, ahora acepta periodistas en un intento de los fanáticos por mostrar su lado más amable y su derecho a regirse por las leyes de 'usos y costumbres' (una forma de gobierno que ejercen diversas comunidades indígenas en distintos puntos del país). Pero los disidentes tienen miedo porque por las noches corren los rumores de que habrá "limpias" o expulsiones.

Ellos, religiosos también, reivindican su derecho a quedarse en el pueblo donde nacieron, con escuelas laicas para sus hijos y sin que estos tenga que estudiar en otro lugar, como habían sugerido las autoridades como posible solución. Esta semana lo recordaron cantando el himno nacional durante una protesta y apelando a la Constitución de México, pero ese texto es un papel sin sentido en esas verdes montañas de Michoacán.

Manifestación ante la escuela quemada, tras diez días sin escuela pública y laica

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