110 años de libertad de conciencia y enseñanza laica en Ecuador, un camino inconcluso

I. Un debate constantemente planteado

La Constitución de Ecuador de 1906 reconoció que el poder constituyente emanaba del pueblo y, con ello, la libertad de conciencia -luego, libertad de pensamiento- y la enseñanza laica. La laicidad era una realidad fruto de un proceso histórico que consistío en la emancipación de los poderes públicos en relación a los poderes religiosos. Sin embargo, en Ecuador así como en Latinoamerica, el tema de la relación entre los poderes públicos y los poderes religiosos es constantemente planteado y continuamente recobra actualidad.

En efecto, parafraseando a Enrique Ayala Mora, historiador ecuatoriano, en Ecuador, las relaciones entre los poderes públicos y los poderes religiosos han sido uno de los conflictos más complejos en la esfera político-ideológica. Así por ejemplo, el retorno a la democracia en Latinoamérica entre las décadas de los 70 y los 90 significó el reconocimiento del pluralismo político, el Estado laico y más. A pesar de ello, no sorprende que Jürgen Habermas, filósofo alemán, insinúe que en el mundo contemporáneo coexiste una tendencia neoconservadora que responsabiliza a la modernidad de subjetivizar y relativizar la norma social; y, frente a ello, propone que hay que recobrar la fe religiosa y la tradición.

Más aún, tras la primera década perdida a consecuencia de la implantación del neoliberalismo y las políticas del Consenso de Washington, el surgimiento de los gobiernos postneoliberales, en este tema de debate, conllevó que entre los múltiples intentos por establecer el contenido del autonombrado socialismo del siglo XXI haya intelectuales que afirmen que la ética católica es fundamento sine qua non de esa ideología rompiendo con el materialismo que asevera que todo fenómeno tiene sus raíces en factores materiales así como la irrelevancia científica de Dios y concibe a la religión como reflejo fantástico en la mente humana.

En nuestros días, en nuestro país, para citar sumariamente algunos ejemplos: la invocación a Dios en la Constitución, el decimonónico Modus Vivendi con el Vaticano y varias normas legales y reglamentarias constituyen una controvertida imagen a 110 años de libertad de conciencia y enseñanza laica en Ecuador.

II. Un debate en torno a los derechos

Alicia del Águila Peralta, socióloga peruana, recuerda que el Estado laico es obra de la lucha por la recuperación y ampliación de la democracia tanto en lo público como en lo privado. También, el Estado laico es consecuencia de la emancipación de la ciudadanía que pasa por el derecho a la libertad en materia de educación hasta el derecho a decidir sobre el cuerpo y la vida en vista que solo el Estado laico puede sustentar y profundizar un sistema democrático basado en los derechos humanos y la igualdad ante la ley; y, no en axiomas de fe que limitan las libertades y discriminan a las personas. En atención a estas consideraciones, en el mundo contemporáneo, el debate en torno del Estado laico no gira sobre la fe del pueblo sino en la recuperación, ampliación y garantía de los derechos.

En esta misma línea, Celina Bonini, historiadora argentina, evoca que un Estado laico y una cultura política laica son condiciones para que la democracia amplié y dinamice la condición ciudadana en un espacio público libre de límites a los derechos tanto en el reconocimiento normativo como en su ejecución y significan un espacio público de tolerancia y pluralidad en pos de una construcción democrática en que el consenso proviene de factores políticos y no de apelaciones extrapolíticas e, incluso, extrahumanas.

Entonces, en el mundo contemporáneo, el debate en torno del Estado laico gira sobre los derechos de los ciudadanos en relación a la autonomía de sus cuerpos y vidas frente a corporaciones de poder que buscan mediante su incidencia en el Estado que las normas que rigen para sus integrantes sean imposición a la sociedad en su conjunto. La emancipación de los poderes públicos en relación a los poderes religiosos gira en torno a la legitimidad del saber científico así como la autonomía de la sociedad para elaborar sus propios criterios de moral pública que es el mínimo común ético de la sociedad. Una de las más importantes conquistas de la civilización es la libertad de conciencia y para ello es imprescindible un Estado democrático que promueva políticas públicas basadas en criterios laicos.

Entonces, el debate en torno del Estado laico origina un triángulo virtuoso cuyas aristas son:

la democracia proclama la laicidad;
la laicidad conlleva la libertad de conciencia; y,
la libertad de conciencia es indispensable para más democracia.

En este contexto, más democracia significa recuperación, ampliación y garantía de los derechos.

III. El camino inconcluso hacia una educación liberadora

El Estado laico que implica democracia, ciudadanía y derechos; así mismo, implica enseñanza laica que entraña que el Estado tiene la función de la educación que es fruto de la emancipación de los poderes públicos en relación a los poderes religiosos. La enseñanza pública no puede incorporar a la enseñanza religiosa o la práctica de cualquier culto en vista que el Estado tiene que articular e integrar a todos los sectores de la sociedad sin privilegiar a ninguno en particular. Peor aún cuando la enseñanza religiosa o la práctica de cualquier culto, más allá de la trasmisión de conocimientos, tiene como finalidad convencer y evangelizar como misión educativa de los poderes religiosos que es, incluso a vista de los cánones, una actividad eclesiástica.

La Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 10 de diciembre de 1948, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos así como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales garantizan a toda persona:

el derecho a la libertad de religión;
el derecho a la libertad de pensamiento; y,
el derecho a la libertad de conciencia que incluye la libertad de manifestar su religión o creencia, individual o colectiva, en público y privado.

En Ecuador, hace 110 años, la libertad de conciencia y enseñanza laica encarnaron la secularización de la enseñanza pública y, sobre todo, crear nuevos elementos de identidad nacional que resaltaban los valores nacionalistas y patrióticos. Según Gabriela Ossenbach, profesora costarricense, la educación laica era un mecanismo para fortalecer el poder político y material del Estado coadyuvando en la secularización de la sociedad y el proceso de institucionalización política. No obstante, así como el tema de la relación entre los poderes públicos y los poderes religiosos es constantemente planteado y continuamente recobra actualidad; en Ecuador, el camino hacia una enseñanza laica, un educación liberadora, es aún un camino inconcluso.

  1. El 4 de octubre de 1994 entró en vigencia la Ley de Libertad Educativa de las Familias del Ecuador que, a opción de los padres de familia, integrarían dos horas semanales de instrucción religiosa y moral en todos los centros educativos oficiales o privados de nivel pre-primario, primario y secundario. El Partido Socialista Ecuatoriano presentó una demanda de inconstitucionalidad y el Tribunal de Garantías Constitucionales declaró inconstitucional la Ley: la doctrina de una religión escogida por los padres de familia es un todo cerrado con sus principios y dogmas revelados por la divinidad y desarrollados e instruidos por la Iglesia o las iglesias que son realidades, poderes e instrucciones de carácter mundial con sus jerarquías y procedimientos propios de difusión y magisterio. No cabe, en la enseñanza de una religión, una apertura plural a todas las corrientes del pensamiento universal. En la enseñanza de una religión no se desarrolla la capacidad crítica del educado ya que esta se basa en la fe y no en la razón
  2. El 15 de febrero de 2011, la Asamblea Nacional rechazó la objeción presidencial de la Ley Orgánica de Educación Intercultural y la pretensión del Presidente Correa de incorporar que las madres, los padres y/o los representantes de los estudiantes tengan el derecho de solicitar horas de enseñanza moral o religiosa que no serían obligatorias y no se exigirían para pasar de año y/o nivel superior reviviendo el contenido de la Ley de Libertad Educativa de las Familias del Ecuador.
  3. El 25 de junio de 2009, el Presidente Rafael Correa decretó que las misiones católicas: Capuchina-Vicariato Apostólico de Aguarico, Josefina-Vicariato Apostólico de Napo, Dominicana-Vicariato Apostólico de Puyo, Salesiana-Vicariato Apostólico de Méndez, Comboniana-Vicariato Apostólico de Esmeraldas, Carmelita-Vicariato Apostólico de Sucumbíos, Franciscana de Zamora-Vicariato Apostólico de Zamora y Franciscana de Galápagos-Vicariato Apostólico de Galápagos se comprometían a trabajar en el fortalecimiento de las culturas, la evangelización e incorporación de los habitantes en la jurisdicción territorial a ellas encomendadas.

En este panorama es evidente que el intento de incorporar enseñanza religiosa en la enseñanza pública implicaría implantar una versión actualizada de la fe religiosa y la tradición; empero, más allá aún, supone la contracción de la democracia, el sometimiento de la ciudadanía, la perdida de derechos y un espacio público cada vez más intolerante.

Es así que el reto del librepensamiento en el mundo contemporáneo, en Ecuador así como en Latinoamérica, en relación a la educación liberadora, en primer lugar, reside en un sistema educativo basado en los derechos humanos que desarrolle la capacidad critica del educado, articulador e integrador de todos los sectores de la sociedad sin privilegiar a ninguno en particular, abierto a todas las corrientes del pensamiento universal; y, no sobre la base de axiomas de fe muchas veces irracionales. El reto también consiste en un sistema educativo que promueva la autonomía de la sociedad para elaborar sus propios criterios de moral pública así como la autonomía de los ciudadanos para decidir sobre sus cuerpos y su vida. Y el reto, por último, radica en la necesidad de ampliar el acceso a la educación, en Ecuador, por ejemplo, la matrícula universitaria cayó durante la segunda década perdida.

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