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0.7 para la ciencia. ¿Queremos Ciencia?

COMENTARIO: Desde el laicismo se apuesta por un decidido apoyo a la ciencia y la investigación, por lo que esta campaña como elemento de reivindicación ante los recortes de la Administración nos parece posisitva, pero siempre que la propuesta no tenga valor literal, es decir, que no se apueste por la inclusión de este tipo de casillas en el IRPF. Desde hace años venimnos manifestando nuestra oposición a la asignación tributaria mediante las casillas en el IRPF, tanto para subvencionar a la iglesia católica como a fines sociales. En el primer caso por razón de la neutralidad y separación que debe existir entre el Estado y las creencias particulares; en el segundo caso porque las necesidades sociales, al igual que la ciencia, son temas tan importantes que no pueden estar dependiendo de quien marque o no las casillas, como si de limosnas se tratara, y no de justicia. Además repetimos que la asignación tributaria no es una aportación del contribuyente que la marca, sino una deducción de su aportación al erario público.

Por tanto, apoyo a la ciencia SI, mediante la asignación tributaria NO. Los presupuestos generales del Estado son los que deben recoger esas demandas en favor de la ciencia y la investigación.


¿Por qué hablar de esto en un blog de clima? Hace unos días buscaba en una de la bibliotecas de la universidad de Alcala un manual de Clima, y lo buscaba en la sección de física. No lo encontré, y luego me di cuenta de que estaba junto a libros de geografía y ecología.

El clima es la ciencia del movimiento de dos fluidos, el aire y el agua, y como tal es pura y exclusivamente física, pero en nuestro país no se entiende ésto. ¿Queremos ciencia?

Los partidos políticos, que no son más que la caja de resonancia de la población española (a pesar de unos indignados que rechazaban esta premisa, y que han desaparecido misteriosamente de la faz de España) nos dicen que no creen que necesitemos dar dinero para la ciencia, a pesar de que una pequeñísima parte de la población si querría que se financiara ampliamente esta actividad social, casi la única actividad realmente humana que existe.

¿Queremos ciencia? ¿Qué ciencia queremos?

España ha sido siempre un grupo de personas de fuertes contrastes sociales. Una cierta parte de la población quiere ciencia sin saber muy bien que es la ciencia. La quieren porque produce resultados. Eso es malo. Unamuno lo decía muy bien: La electricidad y la luz eléctrica la habían inventado seres humanos no españoles, y la luz lucía igual de bien aquí que fuera de España.

Otra parte de la población sencillamente desconoce y elige, conscientemente, desconocer lo que pueda ser la ciencia.  

Ambas partes, la que no quiere saber lo que sea la ciencia, y la que busca en la ciencia sus resultados, yerran tremendamente en sus apreciaciones.

La ciencia está bien, si nos enseña a curar enfermedades (pero las gripes se curan, si lo hacen, ellas solas, los cánceres no se suelen curar, y tras decenios de esfuerzos seguimos con la malaria entre nosotros) está bien si como consecuencia de ella viajamos de Madrid a Londres en un par de horas (más otra hora de espera inútil en el aeropuerto de salida y entre media hora y una hora en el de llegada) y es maravillosa si nos permite hablar chorradas gastando dinero en teléfonos móviles.

Pero ¿es esto ciencia?

No lo es. Es un derivado de la ciencia, pero tiene más que ver con el merchandising  y la buhonería tradicional que con la ciencia. No con lo que realmente necesitaría la población española, y aún más la estadounidense.

La ciencia es  -esencialmente-, –esencialmente-, una forma de mirar al mundo, una forma de enfrentar lo que vemos, oímos, sentimos, lo que pensamos, una forma que rechaza de plano la exigencia genética de vivir para reproducir el gen,  que rechaza la ilusión, las explicaciones místicas que jamás han sido probadas y que se centra en la creación, como en la creación se centra el arte.  Ambas actividades, ciencia y arte, describen el mundo y las interacciones entre sus ocupantes. Y crean. Antes de Bach no había, en todo el universo, una secuencia de notas musicales que fueran la Pasión según San Mateo, o los conciertos de Brandemburgo. Antes de Miguel Angel no existía en el Universo la forma de San Pedro. Y antes de Galileo, Newton, Boltzmann, Maxwell, Einstein, Schroedinger,  no existía en el universo la explicación de cómo este Universo funciona.

La ciencia produce detalles, pero sobre todo abre puertas a la mente humana. Así como el cristianismo, dejando de lado nebulosas místicas, fué la primera doctrina que reconoció la igual dignidad humana de cada persona de este mundo, la ciencia es la primera forma de ver el mundo que proporciona la libertad mental que rompe las celdas en las cuales algunos quieren que el resto de personas desarrollen su pensamiento, siguiendo doctrinas viejas e inamovibles.

Volviendo a Unamuno, este visionario amaba la ilusión. Pero la ilusión es horrible, porque siempre falla. La ilusión, en dos países acientíficos, España y los EEUU, nos ha traído a la situación en la que estamos. La ilusión decía a los ciudadanos de ambos países que la riqueza era eterna y eternamente creciente. El batacazo ha sido tan tremendo que es dudoso que nos podamos recuperar. Es dudoso porque hemos desarrollado, gracias a la ilusión, la incapacidad para asumir obligaciones y trabajar duro. Entre 1600 y 1650 (¿1960-2010?) con la plata de Indias vivimos en la gloria y derrochamos el doble de lo que recibíamos.  Cerramos empresas y nos dedicamos al pelotazo. Cuando acabó la plata, ya no sabíamos trabajar, vivíamos de la renta de la deuda, que acabó desapareciendo.

La realidad es bella, es bella porque no falla. Es dura, exige trabajo, no nos da diamantes, ni apartamentos en la playa. 

Pero no falla.

¿Qué ciencia queremos? ¿Queremos dinero para, como proletarios, trabajar en lo que nos digan los empresarios, producir a plazo fijo resultados predecibles que no abren puerta alguna a la mente? Como me comentó un gran científico, un epidemiólogo, un científico de verdad: Los chicos jóvenes no buscan descubrimientos, sino integrarse en la cadena de producción para producir otro coche con un motor unas milésimas más eficiente, pero con el mismo motor de siempre. Tienen que justificar que han hecho algo en los tres años que les dura la beca, y no pueden arriesgarse a buscar otro tipo de motor.

Cuando se pide dinero para la ¿ciencia? , ¿para que se pide dinero?

Debemos rechazar el misticismo, el dogma, la ilusión.  Con todas nuestras fuerzas.

Pero la ciencia que tenemos que exigir es la ciencia libre, la que no tiene que producir resultados seguros en el plazo de tres años. La ciencia que innova, que rechaza cada vez los axiomas antiguos y propone constantemente ideas nuevas que ajusten lo que vemos, no desde los dogmas pasados, sino desde la libertad de la novedad. No por ser propuesta en 1930 es la mecánica cuántica, por ejemplo, obligatoriamente correcta. No por ser propuestas por Einstein son las ecuaciones de la relatividad general un dogma inviolable.

La ciencia que necesitamos es una ciencia que escape de todo dogma, incluso y sobre todo, de los dogmas científicos,  y mire el mundo desde la libertad.

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